La Coctelera

Categoría: Poemas de ayer

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En tu boca la rosa fría

En tu boca la rosa fría
de mis lamentos, el pez hecho hombre
nadando en tu aliento
soy alud desvalido
ciénaga gris de corto empeño
la húmeda sed de la tormenta
que se cierne sedosa entre tus dedos
Amiga, no basta la penumbra
en la noche vacía, pájaro que rumia la soledad
soy pequeño en tu lecho
metro ochenta y seis de deseo
promiscuo alazán sin freno
rosa frágil que añora ternura
de la pálida luz de la luna de agosto
Soy sin más, y en ti quedo
como sombra apetente y diluida
mi lento y sabio secreto
mi nido entre mis celos

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Mana la fuente agua clara entre tus labios

Mana la fuente agua clara entre tus labios
en mi boca reseca savia emerge
autogenero mi instinto depredador
atando en tu pecho mi antorcha
No sé vivir en ti
tengo miedo al alba
y me ciega la sed
arduo despertar en la sombra
como bramido tildante de mil campanas
en la penumbra de una noche
con estrella
He roto mi espada a poniente
nace en mí un nuevo vestigio
de una tierra que no tiene nombre
ni edad
de un fuego que no se extingue
ni se olvida
que anda presente en mi juego
en mi boca fresca cuando busca la tuya
temblando de placer
naciendo de nuevo
en la cómplice oscuridad del manto de luna

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Jamás entenderás

Jamás entenderás lo que pudo ser
tú, que no eres como nosotros
criaturas que sienten la hierba crecer
y el mar embravecido crepitar entre las venas
-
Que triste que Dios hiciera tan bello cuerpo
en un molde secreto desde los ancestros
para acompañar a un corazón sin sentimientos
-
Bella criatura, Dulcinea de quijotes tristes
debieras de calzar bacinas en tu cabeza
portar adarga antigua y rocín flaco
estrellarte contra los molinos
y luchar contra el ganado
bebiendo el bálsamo de fierabrás
-
Este Quijote está ya harto de andanzas
de inútiles loas a la luna
y suspiros por amores imposibles
Rocinante está viejo y cansado
el galgo corredor ha tiempo que murió
y Sancho busca todavía Barataria
-
Nada queda ya por hacer
que dejarse morir
por nacer en Avellaneda
y buscar nuevas dulcineas
y nuevos rocinantes
y nuevos sanchos que te sirvan fieles
leer a Tirante, y a Amadís y Esplandián
soñar con nuevas andanzas
y limpiar de nuevo el arnés ajado
pulir la espada de nuevo forjada
y encomendarse al dios de la guerra
al señor de la batalla
y marchar a las lejanas fronteras
donde luchar altivo
por todos nosotros

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Delirium tremens

Delirium tremens
tu pecho labra estrías en mi corazón
sucio y desgarbado
mojo recuerdos en el café azucarado
aprendiz de brujo y nostalgia
mi mano abarca tu pecho en el recuerdo
las yemas de mis dedos estraños juguetean con tus pezones
amasan y redondean
golpean las nalgas al ritmo del trote
con mi sexo apuntando a tu garganta
así debe ser
así debió ser
antes de la debacle
salibando tu lengua entre mis labios
tu espalda prisionera de mis manos garras
tu cuello lacerado por mis tenues mordiscos
lóbulos mojados por mi lujuria
ahora tan lejos
tan cerca
como mi aullido sordo a la luna
homo lupis homine
déjame arrastrarme a tu piel
de nuevo
suave como pelo de cachorro
los bisontes en la pared miran y sonríen
devorando a bocados muslos que no son los tuyos
al calor de las hogueras de septiembre
a la luz de una colilla mal apagada
y una farola intermitente
que ilumina indecisa el sempiterno cigarro
dánoslo hoy y cada día
buen dios de los recuerdos
santo ángel de la guarda
santo Dios en las alturas

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Di adiós a este hombre de secano

Di adiós a este hombre de secano
Caminante de plumas y brea por ser solo hombre sin mar
¿Do estás, mi arcón de lágrimas?
La espada penetra despacio en la herida
Y se hace sangre acerada que atraviesa el corazón de la tierra
La voz de los ancestros izada a hombros del héroe
Yo hiero mi esencia, y hiero, y hiero
Y el daño está hecho
Aplastando el orgullo por la voz de la caverna
De los prohibidos placeres de la mies recién segada

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Anidamos palabras en nuestros gestos

Anidamos palabras en nuestros gestos
Que ahogan la luz de la conciencia
Y no hay nada más
Discernir en días oscuros es como querer asir la luz
Luz que se desploma inerte
Que se derrama como arena en nuestras manos
He seguido la luz tantos años
Que ando ciego y cansino
Anudando retazos de vida y de desprecio
¿Hay algo más?
Respirar el viento helado
Acariciar el alba cuando amas
Reptar en un mundo lleno de recuerdos
Ahíto de miserias
¿Es que no hay nada más?
Una mueca al presente
Un filo de navaja afilado
Zigzagear en la cuerda floja
Vivir y nada más
Algo más queda
Garabatear, garabatear, garabatear
Acariciar. Sin remedio. Romper una a una las barerras
Saltar al vacío. Volar
Renovar los sentidos. Amar
Que el hombre es hombre cuando ama
Y poco más puede quedar

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Casi inerme

Casi inerme
Rompí de nuevo mi lanza contra poniente
Una vez más, solo
Solo
Solo como antaño
Dejando atrás la vida con cada cigarro
La salud con cada angustia
La razón de existir con cada anhelo roto
Al fin lo reconozco
Por más que tenga
Por más que pueda tener
Me faltas tú, rosa del desierto
Flor de hebras dulces rota entre mis manos
La soledad ya la conozco
Y su aliento huele a hiel dulce
Cuanto más la amas más dependes
Al fin y al cabo primate soy
Harto de pelar la piel del mismo plátano
De imaginar mundos infinitos sin ti
De acariciar la piel de la aurora
Y no sacar más que brillo a mi desesperación
Perdido, pues, el fulgor de la inocencia
Aprehendida la sima del adulto
La necia servidumbre de treinta y tantos años atado al pasado
Hoy que el presente refulge como miles de estrellas
Hoy que no sé ya si ser quien soy
Quien quise ser
Quien quise creer un día
Con la lluvia triste agolpándose en la suela de mis negros zapatos
Cuan lejos queda hoy la lluvia de otoño
Los besos de miel y escarcha
El puro amor de casi adolescente
En lechos abiertos como piernas de cualquier ramera
La ramera que nunca me atreví a ser
La ramera que tanto censuré en otra piernas
Abiertas de par en par, hoy tan cerradas
Que el amor ya ni siquiera es sexo
Que la poesía es tan inútil como el deseo
Cuando la soledad, de nuevo, está atada a mi cama
A mi caminar, a mi alba, a la tuya
A nuestra inexistencia
Perdida muestra de que no sirvo para esta vida
Y no tengo cojones para dejarla
Ni ovarios para amarla
Cuando ni la escarcha en mi coche es la de antes
La que helaba nuestro aliento unidos de madrugada
Hoy que la grasa y la alopecia son mis compañeras de viaje
De este viaje a ninguna parte
A estos poemas que me alejan de ti
A estos poemas que no sirven sino para que me temas
Hoy que vedado está el sentimiento
El puro amor
El amor verdadero
Ése que se siente cuando no corriges los versos
Ni garabateas los cristales mojados
Ése que te hace odiar lo que padeces
Porque maldita la gana que tienes de ser un ser triste
Un alma desmadejada
Un imbécil, al fin y al cabo
Un anodino estúpido que no sabe lo que hoy se estila
Sexo sin amor
Amor sin dependencia
Soledad en compañía
Pasión sin sentimientos
Astérix, pega a los romanos
Dame tu mágica poción
Que Panorámix no deje de recoger muérdago
Y que los jabalíes no dejen de correr en los bosques
Obélix, no dejes de tallar menhires
Que Fabala es mucha Fabala
Y yo soy ya tan viejo como Edadepiédrix

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A fin de cuentas mal trato hice

A fin de cuentas mal trato hice
No elegí bien mi estrella
-aquella tan limpia, tan pura, tan brillante-
Equivoqué el camino, y aturdido quedé
Esquivando los haces difusos de una primavera mal entendida
Mendigué
Mal hecho
Hube de haber sido excelso
Y fui más bien difuso
¡Qué bien me enseñó la turba a anudar mis zapatos
y anclarlos bien a la tierra roja!
Y que más queda. Ver pasar los días
Y las noches. Atónito. Desmembrado
Ahito de suspiros y complacencias
Sólo, al fin
Que más vale mi mala compañía que cientos por conocer
Y así anduve. Piel quemada de otoño
Y poca fortuna
Un piano, un violín y un chelo
Y muchos kilómetros por delante